TAYLOR
PREVALECE EN LA ERA DEL CONOCIMIENTO
Briyith
Vanessa Moreno T
Ingeniería Administrativa
El pensamiento administrativo clásico intenta dar
respuesta a los desafíos que trajo para la administración el denominado Gigantismo de las organizaciones, a
través de la estrategia de un racionalismo de tipo económico cuyo objetivo era
la búsqueda de una mayor productividad y eficiencia del trabajo, aspecto que se
manifiesta en casi todas las teorías en la escuela clásica de la
administración. Este pensamiento apunta a lograr una máxima eficiencia ubicando
el hombre correcto en el puesto correcto, haciendo especial énfasis en la
orientación de las tareas y privilegiando la dimensión económica del hombre
(Homo Economicus) DRUCKER,
Peter F. (1966).
En este ensayo se pretende hacer un análisis y una
critica contructiva a las teorías planteadas por Frederick Winslow Taylor, el
cual pertenece a esta la escuela del pensamiento clásico de la administración,
se hará mayor énfasis a su teoría de la administración científica y en como
esta aun después de un siglo sigue viviendo dentro de las organizaciones y de
como esta teoría puede ser el puente para la creación de una nueva que encare
los desafíos que trae consigo la era del conocimiento y la información. Este
escrito esta inspirado en los textos: Frederick Winslow Taylor y la
administración científica: contexto, realidad y mitos de Antonio Barba Álvarez
y A cien años de la administración científica: repensar a Taylor para enfrentar
los retos organizativos de la sociedad del conocimiento, por Giovanna Mazzotti
Pabello y Pedro Constantino Solís P.
Los cambios en la organización del trabajo producto
de la llamada revolución
industrial favorecieron que paulatinamente se
desarrollara una serie de conocimiento acumulado acerca de cómo
resolver los diferentes problemas que se presentan en la administración. Hay
que mencionar que el problema principal que se intentaba resolver en aquella
época (finales del siglo XIX y
principios del XX), esta relacionado directamente con la búsqueda de la
eficiencia en la producción, para Taylor, el trabajo es susceptible de ser
estudiado científicamente, mediante la descomposición de sus elementos
constitutivos, lo cual permite identificar movimientos innecesarios,
herramientas con diseños inadecuados y puestos de trabajo mal diseñados y
distribuidos. Surge así la idea de racionalización del trabajo a través del
mejoramiento del proceso y el rediseño del mismo; de esta forma descompone las
operaciones en sus elementos constitutivos (desplazamientos, demoras,
inspecciones, almacenamientos, etc.).
A partir del análisis de la forma como un trabajo es
llevado a cabo, es posible eliminar las etapas innecesarias, los movimientos
inútiles, las combinaciones inadecuadas, y así, diseñar un nuevo método; esto
permite fijar estándares de trabajo (aspecto que en buena parte ha sido el
resorte de la ingeniería industrial) a través de técnicas como los estudios de
tiempos y movimientos, los estudios de incentivos, los estudios de distribución
en planta y control de la producción. Es así como Taylor propone cuatro
principios: el estudio científico del trabajo, la selección científica y
preparación del obrero, la colaboración cordial entre dirigentes y obreros y la
división del trabajo y la responsabilidad casi igual entre los miembros de la
dirección y los obreros.
Entonces el sistema de
Taylor se caracteriza por buscar el
aumento de la producción y la productividad para esto estableció
la separación del diseño y la operación con el argumento de la necesidad de eliminar
la flojera sistemática mediante la organización científica del trabajo, que se
presentaba cuando existía interacción entre los trabajadores por eso el define
los ritmos, definió horarios, sueldos,
los objetivos, etc. Es decir todo aquello que fuera inherente al
trabajador que pudiera controlar desde
afuera y de esta manera encaminar a este hacia los objetivos de la
organización, en vez de los objetivos individuales.
Esto fue de esta manera hasta después de la segunda guerra
mundial, donde nace el enfoque contemporáneo de la administración que se
caracteriza por la preocupación de temas como lo social y lo humano; la
participación, la confianza, la autonomía del trabajador, el empoderamiento, el
trabajo en equipo y en general todo aquello que tiene que ver con el “Homo
social”, sustentado en enfoques administrativos más complejos y estructurados,
gracias a acelerados desarrollos tecnológicos, entornos en constante cambio,
mercados más competitivos y exigentes y cambios acelerados en los procesos de
comunicación, innovación y desarrollo G. Morgan (1986). En la década de los
ochenta facilita la aparición de enfoques más radicales y globalizadores, que
permiten la mundialización y la liberalización de la economía; la competencia
se convierte en la apuesta más fuerte de la administración. Se habla de temas
como la Reingeniería, el Outsourcing, el Benchmarking y las nuevas tendencias
sobre el teletrabajo. Presenta énfasis en temas como la globalización, la
reducción de costos, la competitividad y estimula la generación de valor
agregado de carácter individual. Para la década del noventa se caracteriza por
enfoques que responden a condiciones y características cambiantes y volátiles
del entorno: “una gran revolución tecnológica; un acelerado desarrollo de la
cibernética, la informática y los procesos de comunicación; organizaciones
inteligentes; mercado electrónico y transacciones en tiempo cero; y la
construcción de tejido organizacional a partir de la comunicación, la
información y el aprendizaje” (Aktouf 1998).
Sin embargo aun con todas estas transformaciones el Taylorismo
sigue vigente en las diferentes partes del mundo, aunque de forma muchas veces
híbrida o mezclada. Todas estas transformaciones lo que han hecho es crear un
nuevo modelo de relaciones sociales basado en la automatización flexible,
articulando la tecnología y la desregulación del trabajo para convertirlo en
maleable y polivalente. “Las tareas se realizan en equipo pero conviviendo con
el trabajo taylorizado resultante de los procesos de racionalización, buscando
ser cada día más competitivos para poder sobrevivir a la globalización de la
economía, aplicando economías de escala, mejoramiento de los procesos,
capacitación de los trabajadores, diseño de nuevas herramientas, salario a
destajo y todo lo que conlleve a disminuir costos, a la eficacia y eficiencia,
efectividad y al fortalecimiento de las ventajas competitivas” (Antunes, 2001).
Todo esto promulgado en los principios de Taylor.
“Por ello, recuperar el trabajo de Taylor y reflexionar sobre las
aportaciones de la administración científica publicadas hace cien años nos
permitirá replantearnos los actuales desafíos con vistas a elaborar un diseño
organizativo propio de la sociedad actual”. Ahora teniendo claro todos los
cambios que han surgido en este siglo desde que se planteo la teoría de la
administración científica y que a pesar
de todo Taylor sigue viendo dentro de las organizaciones, “lo relevante
es plantearnos si, a partir de lo que ahora sabemos, estamos en condiciones de elaborar
un esquema organizativo que permita no
sólo responder a las actuales condiciones sociales de migración, marginación y
falta de capacitación de grandes masas de la población” (Mazzotti, Constantino, 2010).
“Lo esencial será reconocer que en la medida en que la sociedad
industrial se ha retirado de la escena, dejando a su paso ejércitos de
desempleados y minando las bases del orden político sobre el cual se estructuró
el Estado-nación, la llamada sociedad del conocimiento, en el marco de la
modernidad reflexiva, ha ocupado el escenario” (Mazzotti, Constantino, 2010).
Entender que hoy vivimos en una realidad económica organizacional y social que
se sustenta sobre la idea de competitividad, en donde sólo permanecerán en el
mercado aquellas empresas que puedan ser competitivas en recursos, costos, precios,
calidad y sobre todo, en la generación de productos y servicios innovadores y
creativos, será la base principal para poder recrear las teorías que Taylor
planteo y adecuarla a nuestra realidad donde el conocimiento y la información
son los protagonistas.
Entonces a pesar de los años el pensamiento taylorista continúa
vigente en nuestras organizaciones, más ahora que la productividad es el objetivo
predilecto en la búsqueda de ser competitivos y pode enfrentar los retos de la
globalización y de los tratados internacionales. Por todo lo anteriormente
expuesto, a manera de conclusión, podemos afirmar que el taylorismo sigue y
seguirá vigente a pesar del tiempo y que su deceso está aún bastante lejos de
acontecer.
“Podemos
vivir en acuerdo o en desacuerdo con los postulados de Taylor pero no podemos
no podemos ocultar su fuerza en la modernidad” (Barba, 2010).